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En busca de un mal mayor

Los compañeros se dirigieron al pueblo con la intención de hablar con El Barón Stockmer y sobre todo curar sus heridas.

Tras descansar un poco y adecentarse se presentaron ante el Barón, que ya ni siquiera recordaba haber mandado al paladín a investigar el asunto, y le contaron con mucha preocupación lo ocurrido en la cueva entregándole el pergamino que probaba que los campesinos estaban siendo raptados para ser usados como esclavos y cómo Sistrasshan pensaba que se habían dado con una trama grande que podría implicar peligro incluso para otras villas cercanas.
- No se hable más – cortó Stockmer al dracónido – si otras villas están en peligro corre a avisar al lord Faren Markelhay de la villa de Cima del Salto .

El dracónido y sus buenas maneras convencieron al lord para qué aceptase compago por las 10 pócimas de curación que había tomado de la armería todo el botín que el grupo había conseguido en la guarida de los goblins (esto sería un mal trato para cualquier grupo de aventureros mayores de 8 años, pero dada la ineptitud de los compañeros a la hora de buscar botín les ahorró 320 monedas de oro).

Serían las 12 de la mañana cuando Sistrasshan decidió pedir las bendiciones pertinentes en el templo y partir hacia la Villa de la Cima del Salto, pero al entrar en el templo una clériga, vestida con una armadura de pieles que dejaba bien poco a la imaginación, se le acercó:

- Tu misión es importante y no tienes ninguna oportunidad de llevarla a cabo si no me llevas contigo.

El dracónido la miró sorprendido. No se puede ir a pelear así, pensaba, mientras miraba a la joven con un claro gesto de desaprobación.

- Sabía que me aceptarías. En mi sueño de esta noche mi dios Behemoth no dejaba dudas. – dijo La hermana Elimut que obviamente no tenía ni idea de cómo interpretar los rasgos faciales de un dracónido.

Con la niña detrás y un poco preocupado por el augurio de fracaso de la joven el paladín pensó que quizás Belgaroth estuviese tan loco como para salir de aventuras con él por segunda vez.

El mago había desaparecido la noche anterior y no fue a ver al lord, el dracónido intuyó inmediatamente que el mago-hortelano estaba prolongando la cena y que lo encontraría en la taberna. Hacia allí encaminó sus pasos y no se equivocó.

Con la cara apoyada en la mesa pegajosa de la taberna el muchacho discutía con un enano, no menos borracho que él, en lo que el dracónido pensó que sería un dialecto de criaturas inferiores de alguna mina recóndita ya que era imposible percibir más que sonidos guturales.
- Bel-roz nmavisahte…
- Iraaa, fuí buhcarte y nabrite ninah. Cagonaaricona
- Htaríanotrolao zcapullo.
- Comoengartargue te vaení connohotro.
- Aroertirón.
- Buenas tardes, amigo Belgaroth. Me gustaría saber si te interesaría acompañarme una vez más en un viaje con pocas perspectivas de supervivencia y nulas de beneficio. Sé que dicho así suen/
- El enano y yo vamos. – Interrumpió el humano, levantándose de un salto.

Incluso con el nivel de borrachera que ostentaba Thorbideoh entendió perfectamente que la propuesta era una locura pero se levantó y pesadamente se puso al lado del mago. No podía quedar como un cobarde.

Todos partieron hacia salto se mata y mientras cruzaban el bosque de Harken se encontraron con los elfos, que a ojos del paladín, parecian algo afeminados.

El jefe de los elfos se acercó al grupo y preguntó por la razón de tan varió pinta reunión. Sistrasshan confiado le contó con pelos y señales lo ocurrido en la cueva y la misión que el Barón les había encomendado.

El jefe de los elfos, cuyas delicadas maneras escamaron literalmente al dracónido, entendió el peligro que podía significar para el equilibrio natural tener a un grupo de kobolds merodeando por el bosque e insistió en que una de los suyos se uniera a la compañía (para ayudar y para enterarse bien de todo)

El paladín aceptó la ayuda de buen grado y de entré el grupo de elfos se escurrió una pequeña elfa que obviamente se había dedicado a cultivar más su destreza que su apariencia.

Maliforae era, como había prometido el jefe elfo, toda una guerrera. Quizás la mejor preparada para la lucha de todo el grupo.

Todos juntos se dirigieron hacia Cima del Salto y allí consiguieron audiencia con Faren Markelhay que, estando sobre aviso les indicó dónde debían dirigirse, les prometió 100 monedas de oro por cada kobold muerto y una recompensa aún mayor si conseguían traer pruebas de haber erradicado la amenaza matando al líder.

Los compañeros acostumbrados al miserable de El Barón Stockmer casi no podían creer la magnitud de la recompensa, aunque por otro lado serían más a repartir.

Nimozaran el Verde, color que a Thorbideoh le causaba cierto desasosiego (quizás por algún trauma de su niñéz) les confirmó sus sospechas y les abrió un portal que les condujo directamente hacia la antigua fortaleza.

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Una vez allí tuvieron una pequeña escaramuza en la entrada.
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Tras deshacerse de los primeros vigías descendieron un nivel y se encontraron con una habitación llena de tumbas y un altar a Tiamat.
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Lograron llegar al otro lado pisando tantas trampas como encontraron en su camino completamente incapaces de intuir dónde se hallaban.
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Finalmente y tras un pequeño descanso se dispusieron a continuar un nivel más abajo.

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Joey_Vera Joey_Vera

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