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En la fortaleza Kobold, por Thorbideoh.

Dungeon Master: “A continuación os dejo el relato de los hechos acontecidos en el Salón de los Kobolds, narrados por el joven guerrero enano Thorbideoh, de la Villa de Harken”.

Después de lamerse los flechazos y magulladuras de la escaramuza anterior, el grupo se adentró en lo que parecía una nueva cámara funeraria, de nuevo, mancillada por los repulsivos Kobolds. Observaron, con su perspicacia habitual un gran foso con alguna sustancia fangosa entre cuatro tumbas y al final de la cámara, desde lo alto de un muro con un desvencijado portón algunos Kobolds armados con hondas comenzaron a disparar, mientras otro de ellos aguardaba, con una gran bola atada al techo mediante una cuerda, a algún aventurero temerario o incauto.

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Estratégicamente cobijados como colegialas, el grupo comenzó a hacer frente a sus enemigos a distancia con poca fortuna, además Belgaroth aún preso de los efectos de la zarzaparrilla de la noche anterior la tomó con la cuerda de manera insana (y poco fructífera), espetándole a Elimut, que quería entrar en batalla:
“Anda anda, te va a preocupa de la bola shiquilla! Tu tira pa´lante que yo reviento la cuerda”

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Cuando la joven clérigo sintió el frio metal en sus costillas anotó mentalmente: “a este le va a curar Paco Porras”, sin embargo, este insensato gesto hizo reaccionar a sus compañeros, mientras Sistrasshan recordaba tener una honda, pero no pericia para usarla y el bravo Thorbideoh quedaba paralizado fruto de recibir una pedrada embadurnada con algún mágico mejunje por cubrir a sus compañeros, Maliforae impactaba enemigos con la misma frecuencia con la que se lavan unos pantalones vaqueros, aunque la elfa y Belgaroth parecían más preocupados en descubrir que era la extraña sustancia en el foso, cosa que por supuesto, no consiguieron.

Finalmente unos disparos afortunados consiguieron derrotar a los honderos, permitiéndoles acercarse al muro.

Aun a sabiendas del peligro que le acechaba, el valeroso Thorbideoh escaló el muro para encontrarse de frente a dos terribles Dracos que avanzaron sin dudar hacia él con las peores intenciones.

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Fiero en la batalla, no flaqueando entre dentelladas y zarpazos, y apoyado tímidamente por Belgaroth y Elimut, el guerrero enano consiguió derrotar a uno de los dracos y lanzar al otro desde lo alto del muro en el que se hallaban, donde Maliforae pudo rematarlo gracias a que tras varios intentos Sistrasshan había derribado el frágil portón.

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Un largo pasillo les condujo a una lúgubre estancia con techos altos una construcción central desde la cual volvían a acechar honderos Kobolds y escaleras al fondo y en uno de los laterales. En cuanto el grupo puso el pie en el interior, accionada por algún rudimentario mecanismo, una bola de titánicas dimensiones comenzó a rodar por toda la habitación amenazando con aplastarles y un draco volador atacaba y hería a cuantos aventureros se interponían a su vuelo.

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Aun con la adrenalina por las nubes Thorbideoh se lanza en solitario por el líder enemigo y dos Kobolds con pesadas armaduras, infligiendo graves heridas al brujo enemigo que permitieron a Sistrasshan rematarlo con facilidad. En el lado opuesto, los aventureros pasan por graves apuros, Elimut cae mortalmente herida por múltiples pedradas de los honderos y los ataques del draco volador.

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La bola gigante pisando los talones de Belgaroth hace que el mago-hortelano salga de su estado etílico-sicotrópico, conjurando a sus oscuros dioses pasa a través de la bola y fulmina al draco con sus artes mágicas, mientras Maliforae abate con precisión a los últimos honderos y le proporciona una de las pociones mágicas a Elimut que recuperan a la clérigo.

Tras derrocar a sus enemigos y buscar entre sus maltrechas pertenencias, encuentran un bastón mágico y un pergamino que revela la existencia de una puerta secreta tras el muro que desemboca a una misteriosa gruta.

Abatidos por los golpes pero reforzados por la victoria, el grupo decide descansar por unas horas antes de adentrarse en el angosto pasadizo.

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