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Despertar en la penumbra: Sin comerlo ni beberlo...

...llegué a ser devorado por las ratas en el D´n´D

Y los aventureros se adentraron en la Fortaleza del páramo sombrío donde librarían mil batallas según los canticos bárdicos de la comarca. Lo cierto y verdad es que libraron varias escaramuzas. Nada más descender los primeros peldaños ya se encontraron con la primera partida de goblines guardianes, que emboscaron a nuestros aventureros a modo de bienvenida.

Sistrachan, como era costumbre y para que ninguno de sus compañeros sufriera un infortunio, detecto las trampas cayendo directamente en ellas, así se metió un buen ostión en un foso lleno de ratas nada más llegar a la primera sala.

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Los goblines dieron bastante quehacer a la expedición, pues aunque eran humillados una y otra vez, siempre había algunos que conseguían escapar para llamar a más refuerzos. En una ocasión, intentando sacar provecho de esto, los aventureros decidieron hacer uso del aceite que previamente habían comprado en el pueblo. Poco falto para que hubieran acabado con quemaduras de tercer grado en el puesto del clérigo local.

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Al final de la tarde una gran avanzadilla de goblines les acorralo en un área de subterráneo donde parecía haber una excavación. Aunque la batalla fue larga y dura, nuestros héroes una vez más salieron victoriosos. No obstante el cansancio les había hecho perder la cabeza y la noción del tiempo hasta el punto de no saber ni a que se habían enfrentado, ni como, ni cuándo como relatan las palabras del propio Sistrachan:

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“La batalla continuaba y los héroes ya ni siquiera recordaban por qué estaban es esa maldita cueva llena de kobolds.

No era momento para dudar y se adentraron aún más bajando unos escalones que les condujeron a una gruta tan oscura que ni los ojos de Thorbirdeoh ni los de Maliforae, acostumbrados a la penumbra podían captar el menor indicio de luz.

Belgaroth encendió su luz y los guerreros pronto se vieron rodeados por ratas que se escabullían de sus ataques entre las estalagmitas.

No parecía un combate complicado al principio pero un moco ocre se arrastró y cubrió de ácido a Maliforae que casi estuvo a punto de morir.

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Las ratas rodeaban a los heroes que podían atacar a distancia y se zafaban de los golpes una y otra vez.

Tras acabar con el moco ocre los compañeros, muy magullados consiguieron dar caza a las ratas y remendar sus cicatrices…"

Tras enfrentarse a las ratas y la Jalea Ocre, decidieron investigar una habitación la cual poseía un cartel de advertencia invitando todo incauto a darse la vuelta y volver por donde hubiera venido.

Esta habitación poseía una especie de lago interior, a modo de desagüe del castillo. En el interior del laguito había una pequeña extensión de tierra que parecía contener algunos objetos. Belgaroth uso su mano de mago para recuperar los objetos, pero esto despertó la ira de una abominable criatura conocida como Cieno Azul.

El grupo sin dudarlo y con menor o mayor acierto le hizo frente. Thorbideoh se hizo el héroe y saltó al islote, donde sería apaleado por toda clase de extremidades cenagosas.

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Sistrachan intentó imitarlo, pero una y otra vez cayó al agua, de donde tuvo que ser rescatado por el resto de sus compañeros. Al final acabaron con el susodicho, con el consiguiente agotamiento de sus últimas energías.

En el tesoro de la criatura encontraron una nota en la cual un tal “Jefe Krand, de los Asaltantes Sangrientos” hacia una oferta para comprar esclavos a Kalarel, para usarlo como mano de obra para sus aliados duergar en la espira del Trueno.

De todas formas tampoco hicieron mucho caso al mensaje, ya que a esas horas de la noche, y después de tanto palo, los aventureros se vinieron abajo como una Derby Variant. Así que decidieron encerrarse en aquel cubículo, confiando en que cualquier otra criatura que pasara por allí, hiciera caso del cartel de advertencia de la puerta, y los dejara echar tranquilamente una siestecita.

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