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El hombre que susurraba a los Keibolds…

Por Thorbideoth

Bien entrada la mañana, (madrugar nunca fue la mayor virtud de nuestros aventureros…) el grupo llegaba al punto en el mapa marcado como base de los malvados, la sigilosa Maliforae se adentró en la arboleda para reconocer el terreno, y fue realmente inquietante lo que descubrió, un vasto y espeso bosque partido en la mitad por un riachuelo de poca profundidad alimentado por una furiosa cascada. Un viaje de Kobolds (N del T: un puñao grande) merodeaban por la zona discutiendo entre ellos sobre la cría y doma del oso lechuza.

A un gesto de Maliforae, los héroes se aproximaron a la orilla del bosque con la discreción que les caracteriza, advirtiendo a todo bicho viviente o no viviente a varios km a la redonda que habían llegado.

Los Kobolds comenzaron su despiadado ataque contra los aventureros, dejando bastante magullado al feroz Thorbideoh, que ante el extraño estado semi-acartonado en el que se encontraba Sistrashaan tenía que hacer frente a la horda de kobolds solo en el cuerpo a cuerpo.

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Cuando peor pintaban las cosas, Belgaroth, aniquiló prácticamente a todos los enemigos haciendo uso de sus nuevos poderes, dejando sorprendido a todos (incluido el mismo), el resto fue una fácil escaramuza para los héroes, que, en la huida del último hondero Kobold advirtieron como se escurría hacia el interior de la cascada.

Al atravesar la cortina de agua, y después de acostumbrarse a la luz y al olor del interior de aquella caverna, que olía como la entrepierna de un explorador orco, se encontraron con una desagradable sorpresa, un segundo viaje de Kobolds se lanzaba al ataque encabezados por el terrible diente de hierro y un hechicero cuyo nombre ni tan siquiera es digno de mención. Sin embargo el devenir de la batalla fue el mismo que la anterior, al lanzamiento de otro de sus poderosos hechizos, Belgaroth se deshizo de la mayoría de los enemigos, dejando a Diente de Hierro inconsciente para que fuese rematado por Elimut con crueldad infinita, y sin apenas rasguños para los aventureros, tan solo lamentado que el Kobold que había mantenido a Sistrashaan ocupado todo el combate escapara sin apenas oposición del dracónido, que se había sumado a la discusión de como amamantar al oso lechuza.

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Tras una minuciosa búsqueda los aventureros encontraron una pequeña bolsa con una llave que abría un cofre en el fondo de la caverna, en el cual encontraron unas puñetas de oro y plata, una armadura forjada por los enanos, y un mugriento pergamino, en el cual se explicaba que Karalel, el esbirro de Orcus, había abierto una brecha, y que todos los habitantes de refugio invernal morirán…

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